El Estrés como enfermedad

DEFINICIÓN:

El estrés en los niños difiere de los síntomas que padecen los adultos debido a la maduración cognitiva, emocional y conductual existente entre mayores y pequeños. De hecho, la etapa de desarrollo es otro factor importante, pues se manifiesta de forma distinta en los más pequeños.

Puede tener su origen en factores externos (los acontecimientos de fuera sobrepasan las propias capacidades del niño) o en factores internos (según se perciba a sí mismo y al mundo que le rodea) y especialmente en la interacción entre ambos factores.

SÍNTOMAS Y SEÑALES:

Dificultades para dormir, cambios de apetito (comer poco o demasiado), bajo rendimiento escolar, incremento exagerado o disminución de la actividad física, cansancio, apatía, fatiga, problemas de relación, tristeza o irritabilidad.

Estos síntomas combinados con situaciones de cambios pueden desembocar en un serio cuadro de estrés.

TIPOS:

Tipos de estrés en base a su signo

  • Estrés positivo

Al contrario de lo que la gente cree, el estrés no siempre hace daño a la persona que lo padece. Este tipo de estrés surge cuando la persona está bajo presión, pero inconscientemente interpreta que los efectos de la situación le pueden otorgar algún beneficio.

Esto hace que la persona afectada esté motivada y con mucha más energía, un buen ejemplo sería una competición deportiva donde los participantes deben tener un punto de vitalidad para poder salir victoriosos.

Esta enfermedad está asociado con emociones positivas, como la felicidad.

  • Distrés o estrés negativo

Cuando padecemos distrés anticipamos una situación negativa creyendo que algo nos va a salir mal, lo cual genera una ansiedad que nos paraliza por completo.

El negativo nos desequilibra y neutraliza los recursos que en situaciones normales tendríamos a nuestra disposición, lo cual acaba por generar tristeza, ira, etc.

Tipos de estrés en base a su duración

  • Estrés agudo

Es el tipo que más personas experimentan y es causa de las exigencias que nos imponemos nosotros mismos o los demás. Estas exigencias son alimentadas respecto un pasado reciente, o en anticipaciones de un futuro próximo.

En pequeñas dosis puede ser positivo, pero en dosis más elevadas puede acabar por agotarnos, con severas consecuencias en nuestra salud mental y física.

Las principales señales del estrés agudo son:

o   Dolores musculares: Suelen aparecer dolores de cabeza, espalda y contracturas entre otras afecciones.

o   Emociones negativas: Depresión, ansiedad, miedo, frustración, etc.

o   Problemas gástricos: El estrés puede causar una gran oscilación en los síntomas estomacales; estreñimiento, acidez, diarrea, dolor abdominal, etc.

o   Sobreexcitación del sistema nervioso: causa síntomas como aumento de la presión sanguínea, taquicardia, palpitaciones, náuseas, sudoración excesiva y ataques de migraña.

  • Estrés agudo episódico

Es también uno de los tipos de estrés más tratado en las consultas psicológicas. Aparece en personas con exigencias irreales, tanto propias como provenientes de la sociedad.

Son personas que se muestran irritadas y beligerantes, aparte de tener una angustia permanente a causa de que no pueden controlar todas las variables que les exigidas.

Otro síntoma de las personas que sufren estrés agudo episódico es que siempre están preocupados por el porvenir. Al mostrarse hostiles son difíciles de tratar a no ser que acudan a un especialista y reciban tratamiento.

  • Estrés crónico

Es el estrés que aparece en prisiones, guerras o en situaciones de pobreza extrema, situaciones en lo que se debe estar continuamente en alerta. Esta clase de estrés también puede venir de un trauma vivido en la niñez. Al causar una gran desesperanza, puede modificar las creencias y la escala de valores del individuo que lo padece.

Es el tipo de estrés es el más grave, con unos resultados destructivos severos para la salud psicológica de la persona que lo padece.

Las personas que lo sufren diariamente presentan un desgaste mental y físico que puede dejar secuelas durante toda la vida. La persona no puede cambiar la situación estresante, pero tampoco puede huir, sencillamente no puede hacer nada.

Hay estudios que demuestran la relación entre el estrés con enfermedades del aparato digestivo, cáncer, enfermedades cutáneas y problemas cardíacos.

Con el estrés aparece a menudo la inseguridad y el sentimiento de indefensión (siempre tiran la toalla puesto que creen, o realmente no puede, hacer nada).

CAUSAS:

En cambio, durante la adolescencia y la preadolescencia existe una mayor predisposición debido al cambio en las relaciones personales.

  • Familia: El nacimiento de un hermano, divorcio de la pareja, fallecimiento de abuelos o de familiares queridos, cambios de domicilio o dificultades en la situación laboral de los padres.
  • Escuela: No aceptación de los iguales, acoso o molestias de otros, cambiarse de colegio, exceso de demandas escolares, malas notas o conflictos con los profesores, Exigencias y fracasos académicos
  • Salud: El dolor y la enfermedad constituyen una de las principales fuentes de estrés para los niños. La hospitalización por enfermedad crónica es considerada como el factor de estrés más relevante en la población infantil.

PREVENCION

  • Practicar con el Ejemplo: Es necesario que los padres nos presentemos como ejemplo para nuestros hijos gestionando adecuadamente nuestros estados de ansiedad y periodos de estrés delante de ellos.
  • Paciencia: La paciencia, la tranquilidad, la calma y la capacidad reflexiva ayudan a los niños a desarrollar actitudes parecidas generando recursos para evitar estrés.
  • Resolver Problema Cotidiana: Otro aspecto importante consiste en hacer a nuestros hijos participes de la resolución de problemas cotidianos y familiares, es importante escucharlos y valorar sus opiniones.
  • Evitar comparaciones: También es necesario respetar el “ritmo del niño” evitando comparaciones con sus hermanos o amigos y asegurarle que tiene nuestro amor incondicionalmente, nunca sujeto a la perfección con la que desempeñe sus tareas.

COMO AYUDAR:

El descanso adecuado y la nutrición correcta, así como una buena crianza, pueden aumentar las habilidades para enfrentar las situaciones. Brindar un tiempo para sus hijos todos los días.

Estar disponible para ellos, ya sea que necesiten hablar o simplemente estar en el mismo cuarto que usted.

Ayudar enfrentar el estrés, hablando sobre sus posibles causas. Juntos, pueden proponer algunas soluciones, como reducir las actividades después de la escuela, pasar más tiempo hablando con los padres o los maestros, formular un régimen de ejercicios o llevar un diario.

Recuerde que cierto nivel de estrés es normal; hágales saber que está bien sentir enojo, temor, soledad o ansiedad y que otras personas comparten esos sentimientos.

Cuando los niños no puedan o se nieguen a hablar sobre estos problemas, se debe intentar hablar sobre sus propias inquietudes.

Esto demuestra que está dispuesto a tratar temas difíciles y que estará disponible para hablar cuando ellos estén listos.

Si el hijo no está dispuesto a hablar y muestra síntomas que le preocupan, consultar a un consejero o a otro especialista en salud mental.

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