La Leyenda de la Boa Negra

En las cochas oscuras de nuestra selva existe una serpiente de grandes proporciones, cuyo nombre da origen a varios relatos de la Amazonia, anécdotas contadas por sus propios autores.

Éste relato no es uno más de las tantas aventuras, sino es una leyenda que sucedió hace muchos años en un poblado de Masisea.

Don Ricardo, un padre de familia que a sus 45 años quedó viudo de su amada esposa y con cinco hijos que mantener solo, el destino así lo quiso.

Una tarde su señora fue a bañar a las orillas del río, pero desapareció misteriosamente y sin dejar rastro, la buscaron con redes por todos lados sin resultado alguno.

Pasaron 2 años desde aquella desaparición y don Ricardo conoció a una mujer más joven que él; ella era Zoilita, una muchacha de 25 años que deslumbró al viudo, cabello negro, tan negro como la noche, ojos claros y contextura delgada.

La conoció en una fiesta popular o mas conocido como velada, allí le propuso quedarse con él, ya que ella había quedado sola a causa que sus padres lo abandonaron quedando al cuidado de su abuelita.

Desde aquel día Zoilita atendió con esmero a los hijos de don Ricardo, a realizar los quehaceres de la casa y sobre todo dar cariño a su esposo.

Sin embargo, había algo inquietante que no sabía nadie, ella tenía un secreto muy profundo y que quizás nadie lo descubriría hasta ese momento.

Por las noches preparaba para la cena ricos potajes, pero había algo infaltable que era un buen té de ‘hierba luisa’, todos se lo tomaban y a pocas horas quedaban profundamente dormidos hasta la mañana siguiente.

Un dia como todas las noches, antes de ir a dormir cenaron tranquilamente, pero un hecho muy peculiar llamó la atención al hijo mayor de don Ricardo, el cual era que la joven esposa se entusiasmara en que todos bebiesen el té;

Entonces el muchacho viendo ésto simuló tomarlo y en un descuido de la mujer lo tiró por la ventana y dijo: ya acabé de cenar, ya me voy a dormir.

Todos acababan también y se fueron a sus cama, cuando ya todos estaban en un profundo sueño, como a la medianoche, la chica se levanta de su cama y sale sigilosamente sin que nadie se dé cuenta, pero el hijo mayor que no se tomó el té se quedó despierto y escuchó que salía su madrastra.

La vio desde una rendija que se dirigía a la espesura del monte. Le pareció muy extraño que se fuera a esas horas de la noche por ahí y sin compañía de nadie. Así que no le dió mucha importancia y se durmió.

Al día siguiente, la vió echada junto a su padre y no despertó sospecha alguna, así que cuando se fue a lavar al río le contó a su progenitor lo que había visto, y le dijo: papá ella nos da de tomar a todos el té de ‘hierba luisa’ para quedar muy dormidos y asi pueda salir al monte, derrepente tenga otro ‘sherete’ por ahi.

Entonces don Ricardo se puso alerta y cuando vino la noche tampoco tomó la infusión, ni el hijo mayor.

Cuando llegó la medianoche simuló estar dormido y cuando ella salió de la casa él y su hijo la siguieron a cierta distancia para que no se dé cuenta, estaba muy oscuro, solo la luz de la luna tenue los alumbraba.

Hasta que a cierta distancia vieron que se sacaba su ropa y se metía a una cocha completamente desnuda, luego como si sería algo irreal notaron que ella se iba transformando en una gran serpiente, quedaron petrificados ante ésto.

Don Ricardo quiso gritar pero su hijo lo evitó tapándolo la boca: shhhhh, tenemos que ser discretos, ahora ya sabemos su verdaderamente apariencia, parece que es una gran BOA NEGRA, y quiere devorarnos uno por uno, está viendo el momento propicio.

Así que regresaron a sus casa antes que ella vuelva, eran como las 3 de la madrugada y se escuchó que alguien entraba, don Ricardo simuló de nuevo estar en un profundo sueño y la sintió que entraba a la cama muy fría, entonces comprendió que algo debía de hacer para que ella no se coma a sus hijos.

Por la mañana, se fue a consultar a doña Mechita la curandera del pueblo y le contó lo que vió junto con su hijo, entonces la hechicera le dijo: esta noche no te tomes el té, ya que le pone una hierba que hace dormir y cuando la veas salir de tu casa siguela,

Cuando se convierta en una Boa verás que su piel de humano lo va dejar a la orilla de la cocha, es la piel de una mujer que ella devoró antes en otro cacerío lejano, cuando mires que se haya sumergido a las profundas aguas te acercas cuidadosamente y le pones harta sal a la piel, lo más harto que puedas,

Así cuando ella quiera entrar de nuevo le va arder todo el cuerpo y se va a retorcer del dolor, y nunca más va querer transformarse en mujer. Don Ricardo escuchó todo lo que le dijo la curandero e hizo todo al pie de la letra.

Llegando la noche, ya ella estaba preparando el té, y otros alimentos más. Tanto el hijo mayor como su padre no lo tomaron y simularon haberlo hecho.

Ya a eso de la medianoche, la mujer se fue a la cocha e inmediatamente la siguieron llevando harta sal.

Cuando vieron la piel junto a la orilla se acercaron y le pusieron toda la sal que llevaron, esperaron que saliera para que se introdujera en el cuerpo, en eso cuando quiso meterse sintió el fuerte ardor de la sal y se retorcía de dolor.

Don Ricardo también había llevado una escopeta y disparó contra la Boa, hiriendola en el cuerpo, ella se metió en la cocha e hizo un gran remolino,.

Todos los árboles se movían y vino una torrencial lluvia con truenos y relámpagos. Vámonos hijo, antes que tome venganza contra nosotros— exclamó el veterano hombre.

Al momento de tratar de regresar un enorme tronco de cedro cayó en el cuerpo de don Ricardo, imposibilitando sus piernas, en eso apareció la boa Negra enroscando fuertemente el cuerpo del hijo mayor, ¡auxilio, auxilio!— pedía a gritos el muchacho.

Y lo apretaba más asfixiandolo el cuello, cuando ya no quedaba ni una sola esperanza don Ricardo sacó fuerza de un padre abnegado y preparó su escopeta con mucho dolor en sus piernas, así que apuntó bien a la cabeza de la Boa Negra y de un certero disparo le volo la mandíbula

De inmediato desenvolvió al joven y cayo entre la tierra lodosa, la gran serpiente desangró y murió por el letal disparo.

Don Ricardo haciendo un profundo esfuerzo logro sacar el tronco que lo tenía atrapado y fue a ver a su hijo que estaba desmayado, luego reaccionó abrazó a su papá y lo llevó del brazo a su casa.

Ya estaba por amanecer, la lluvia había cesado y todos sus hijos estaban ya despiertos, curaron a don Ricardo con hierbas de la selva.

Desde entonces la cocha se había secado, ya que la boa era su madre y don Ricardo nunca más volvió a estar con ninguna mujer, pues después de esa gran lección prefirió estar solo, sus hijos salieron adelante juntos y hasta el día de hoy siguen viviendo a orillas del puerto de Masisea.

Sin embargo uno de ellos se enamoró de una mujer que nunca habían visto y que quizás pueda ser otro ser mitológico de nuestra selva amazónica.

Facebook Comments