La Hepatitis B: causas, síntomas, diagnostico, etc

Definición:

La hepatitis B es una infección hepática que está causada por el virus de la hepatitis A.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta patología supone un importante problema de salud a nivel mundial, ya que es el tipo más grave de hepatitis viral.

La hepatitis B puede causar hepatopatía crónica y conlleva un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado.

El período medio de incubación de la hepatitis B es de 75 días, pero puede oscilar entre 30 y 180 días. El virus, que se puede detectar entre los 30 y los 60 días de la infección, persiste durante un período de tiempo variable.

Causa:

Las causas de la hepatitis B se centran en el contagio por el virus de la hepatitis B.

En las zonas donde la prevalencia del virus es muy alta, la hepatitis B se suele transmitir de la madre al bebé en el parto o durante la primera infancia a través del contacto interpersonal.

La transmisión perinatal o en la primera infancia puede representar más de una tercera parte de las infecciones crónicas en zonas de baja endemicidad, aunque en esos entornos las principales vías de contagio son la transmisión sexual y el uso de agujas contaminadas, especialmente entre los consumidores de drogas por vía parental.

Una de las características del virus de la hepatitis B es que puede sobrevivir fuera del organismo hasta siete días. En ese período todavía puede causar infección si penetra en el organismo de una persona no protegida por la vacuna.

A diferencia de la hepatitis A, no se contagia a través de alimentos o agua contaminada, ni por contactos ocasionales en el lugar de trabajo.

Síntomas:

Al igual que en la hepatitis C, la mayor parte de los afectados no presentan síntomas durante la fase aguda.

No obstante, en algunos casos, los pacientes pueden presentar un cuadro agudo con manifestaciones que pueden permanecer durante varias semanas. Esos síntomas son:

  • Coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia).
  • Orina oscura.
  • Fatiga extrema.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Dolor abdominal.

En algunos casos la hepatitis B puede causar también una infección hepática crónica que podría desembocar en cirrosis o cáncer del hígado.

Diagnóstico:

Las manifestaciones clínicas no permiten diferenciar la hepatitis B de la hepatitis causada por otros agentes virales y, consiguientemente, es esencial la confirmación del diagnóstico en laboratorio.

El diagnóstico de laboratorio de la hepatitis B se centra en la detección del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg).

La OMS recomienda que se analice la presencia de este marcador en todas las donaciones de sangre, a fin de evitar la transmisión del virus a los receptores.

Tratamiento:

La hepatitis B no necesita un tratamiento específico en la fase aguda. Las medidas se centran en mantener el bienestar y el equilibrio nutricional, que incluye la reposición de los líquidos perdidos por los vómitos y la diarrea.

Cuando la enfermedad evoluciona a una fase crónica, el paciente necesitará seguir una terapia farmacológica. En estos casos se suelen prescribir medicamentos antivirales, como tenofovir y entecavir, e inyecciones de interferón.

  • Beneficios del tratamiento:
  • Puede retardar la progresión de la cirrosis.
  • Reducir la incidencia del carcinoma hepatocelular.
  • Mejorar la supervivencia a largo plazo.

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